Por qué nos “trancamos” al hablar en público

Por qué nos “trancamos” al hablar en público
La oratoria no es ayuda espiritual. Nadie aprende a hablar en público gritando “¡yo puedo! ¡puedo! ¡¡PUEDO!!” Todo lo contrario: la ciencia y arte de la oratoria está conformada por técnicas muy específicas, tan específicas que eximen al orador de la necesidad de ser creativo.


Más adelante avanzaremos en las técnicas. Este artículo quiero emplearlo para mencionar los dos elementos que pueden llevar al orador a quedarse en blanco, una vez que entendemos los resortes de una disciplina (oratoria, por ejemplo) automáticamente los misterios se desvanecen. Conociéndola podemos controlarla, y cuando tenemos el control los nervios tienden a pasar a un segundo plano.

Voy a dejar de lado en este artículo la falta de experiencia que lógicamente puede llevar a que una persona se ponga nerviosa al tomar la palabra. Voy directo a:

Las dos razones técnicas que nos llevan a la parálisis verbal:

1. Tener que pensar permanentemente en la próxima palabra que vamos a utilizar.

Nadie puede hablar si, mientras habla, tiene que estar pensando en la próxima palabra que va a utilizar. No conversamos de ese modo, y no deberíamos hacerlo así cuando tomamos la palabra delante de un grupo de personas. Una vez que sabemos qué vamos a decir, no pensemos en eso y hablemos de una vez por todas con las palabras que fluyan naturalmente!

Por favor, no comprendas esto literalmente sino en su escencia: “pensar antes de hablar es terrible para el orador. Una vez que tienes la idea en tu cabeza, debes hablar sin pensar”. Para comprenderlo mejor por favor mira el video. Por otro lado, la incapacidad para que la palabra fluya la resolvemos con los ejercicios verbales de fluidez desarrollados para nuestros cursos y explicados en nuestros materiales.

A propósito, lo que estás pensando es correctísimo: preparar un discurso escribiéndolo es el primer paso para verse obligado a recordar palabra por palabra. Memorizarlo ya es una obscenidad que ni siquiera me atrevo a mencionar. Los discursos no se escriben, se estructuran. Si hoy tenemos por escrito los discursos de Demóstenes es porque de algún modo debían pasar a la posteridad – hace dos mil años no había forma de grabarlos. De hecho, hoy en día los logógrafos (aquellos que nos dedicamos a escribir discursos) entregamos una estructura al orador para que la pronuncie y, por otro lado, un texto a la prensa en caso de que sea necesario publicarlo.

Veamos el segundo motivo que puede lograr que el orador quede en blanco:

2. Tener que pensar permanentemente en la próxima idea que vamos a pronunciar.

Tampoco podemos hablar delante de los demás si en todo momento nos vemos obligados a pensar en la próxima idea que vamos a pronunciar. Esto se resuelve aprendiendo a estructurar los discursos mediante ordenamientos y técnicas que -de paso- contribuyen a añadir elocuencia y belleza a la palabra hablada. No voy a extenderme en este punto para no estirar demasiado el artículo pero si miras el video encontrarás allí más información.

 

Posted in: Cómo hablar en público, Pánico escénico

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